
El sábado pasado fue un día bien, movido y ‘multiculti’ –término (¿coloquial alemán?) usado por Lore, que aunque a mí me suena mal se adapta a la situación–. Comenzó con una visita (muchas veces aplazada) al Museo de Antropología, donde se exhibe la exposición Persia, fragmentos del paraíso. A decir verdad, la muestra es magnífica, porque cuenta con piezas que nunca habían salido de Irán, el país donde se asentó y desarrolló el imperio.
Es difícil hacer una reseña y creo que es mejor recomendar la expo, aunque me parece que el último día que estará abierta al público será el próximo domingo 25. La exhibición abarca periodos de miles de años antes de Cristo, hasta el apogeo persa y su posterior extinción marcada por el destino. Como la cultura egipcia, los persas creían y veneraban a dioses con características muy especiales, antropomorfos con cuerpos de animales como toros, águilas, leones y escorpiones, donde sobresale Ahura Mazda, un águila que representa al sol. La entrada cuesta $45 y con credencial estudiantil es gratuita.
Una vez concluida la visita –que se extendió por casi tres horas– nos acercamos al Salón 21 donde Placebo tocaría a las 21h. Con tiempo suficiente encontramos un Mugre King (Lore se echó un Big Fish chico –¿es eso posible?– y yo una Extreme) y poco después nos lanzamos al toquín. Justo cuando llegamos, empezó la banda telonera, Satin Dolls, un grupete que suena como a Belanova pero con guitarras, bastante chafa, la verdad, que tuvo una presentación efímera e intrascendente (después me enteré que tenían planeado tocar seis canciones, pero a la cuarta les cortaron el audio: con actitud de chica mala, la vocalista azotó el micro en el suelo…).
A las 21.30 exactas las luces se apagaron y Placebo, un trío, entró acompañado por un músico invitado que le dio al bajo. Entre los cuatro dominaron al público, pues todo lo que tocaron fue celebrado, cant

Del resto tocaron Every you, every me, The bitter end, Special needs, Special K, Taste in men, Teenage angst y mi favorita Without you i’m nothing. En total fue hora y media –con una tregua de cinco minutos antes del encore final– de buena música, aunque habrá quien piense que Placebo es un grupo para las masas y muchachos de oídos incautos. Y bueno, cada quien, pero a mí sí me latió.

Esa misma noche y desde hacia algunas horas se celebraba en el Centro la cuarta edición de La Noche de Primavera. A pesar de que el nivel organizativo ha disminuido, es evidente que la gente sigue disfrutando. Llegamos a la medianoche ya con dolor de pies, pero aún así dimos el rol por algunas calles, entre ellas Venustiano Carranza, Madero, Gante y la Plaza de Santo Domingo, donde había un dj efectivo acompañado de una chica atractiva que nomás bailaba y mandaba besos. Alrededor de las 2h, antes de retirarnos, alcanzamos a Diego ‘El Cigala’, que tocaba en el Zócalo. Fue una buena sorpresa, pues canta boleros y canciones de dolor (de esas que de escucharlas dan ganas de tomar) con un estilo como de flamenco, de cantaor español, con muchísimo feeling, aunque él no dejaba de sonreír. Vale decir que lo acompañaron músicos de primera (un pianista gordito, un negro que le daba al contrabajo muy sabroso, el percusionista –que a ratos parecía poseído y le pegaba con furia al cajón– un guitarrista que cumplía y el propio Cigala, que no tocó instrumento pero que le basta con su voz apantallante).
Sirva lo anterior como muestra de que siempre hay algo que hacer, siempre. Aunque a veces sí es bien sabroso quedarse en casa, pero ese ya es tema para otro post. ¡Saludos!