División del pedo
Nosotros dividimos los pedos en Vocales y Mudos o Zullones propiamente dichos.
Los pedos vocales son naturalmente llamados "petardos", del verbo "petardear".
Ahora bien, el Petardo es un estallido ruidoso, engendrado por vapores secos.
Es grande o pequeño, según la variedad de sus causas o de sus circunstancias.
Objeción de los adversarios del pedo
No es el sonido lo que más nos disgusta, dicen: si no produjeran sino Impromptus armoniosos, lejos de ofendernos, muy al contrario nos encantaría; pero siempre va seguido de un olor deleznable que conforma su esencia y que ofende nuestro olfato: bajo este aspecto, lo rechazamos. En cuanto se lo oye, dispersa sus infectos corpúsculos que perturban la serenidad de nuestros rostros: a veces incluso es lo bastante traicionero como para sorprendernos sin que hayamos podido preverlo y para atacarnos en sordina; con frecuencia, precedido de un ruido sordo, va acompañado del más vergonzoso de los satélites y no deja nunca duda alguna acerca de su mala compañía.
Respuesta
Es conocer muy mal al pedo el creerlo tan criminal y culpable de tantas groserías. El verdadero pedo, o el pedo claro, no tiene olor, o, al menos, tan poco que no tiene bastante fuerza para atravesar el espacio que media entre su embocadura y la nariz de los asistentes. La palabra latina crepitus, que expresa el pedo, no significa otra cosa que un ruido sin olor; pero se le confunde normalmente con otras dos ventosidades malhechoras, de las que una entristece el olfato y se llama vulgarmente zullón, o, si se quiere pedo mudo, o pedo femenino, y la otra ofrece un lamentable espectáculo y se llama pedo espeso, o pedo de albañil. Este es el falso principio en el cual se fundan los enemigos del pedo; pero es fácil desorientarles demostrándoles que el verdadero pedo se distingue, de hecho, de los otros dos monstruos, cuya noción general acabamos de esbozar.
Pero tras haber respondido a las objeciones de los adversarios del pedo, volvamos a nuestra división.
Los pedos simples consisten en salir de golpe, solos y momentáneos. Se forman cuando la materia se compone de partes homogéneas, cuando es abundante, cuando la fisura por la que sale es amplia o bastante distendida, o también cuando el individuo que los expele es robusto y no hace sino un esfuerzo.
Los pedos compuestos salen por golpes sucesivos y de estallido en estallido; recuerdan vientos continuos que se suceden unos a otros, más o menos como quince o veinte fogonazos seguidos, y como en círculo. Se les llama diptongos, y se dice que una persona de constitución fuerte podría soltar unos veinte de un tirón.
Si el pedo diptongo es más terrible que el trueno y si es cierto que el rayo que le sigue ha abatido a infinidad de personas, ha vuelto sordos a unos y alelado a otros, no cabe duda de que un pedo diptongo, cuando no fulmina, es capaz no sólo de provocar todos los accidentes del trueno, sino también de matar de golpe a las gentes débiles, pusilánimes y susceptibles de tener prejuicios.
Todas las causas provienen de la ingestión de rábanos, ajos, garbanzos, habas, nabos y, en general, de todos los demás alimentos ventosos, cuyas maléficas virtudes todos conocemos y que producen el sonido claro, sucesivo, corto y por intervalos que se oye cuando irrumpe el pedo.