La comida mexicana es un éxito en muchos países extranjeros, pocos se resisten a nuestra combinación de carnes, verduras, condimentos y picante, acompañados de la indispensable tortilla de maíz. Aquí en España hay una cantidad considerable de restaurantes mexicanos, obviamente distan mucho de los originales, no sólo en sabor y precio, sino los platillos en sí. Me he llegado a encontrar platillos que en mi puta vida había oído, pero que los españoles creen que son auténticos platillos mexicanos, como las famosísimas Bombas mexicanas, que son una especie de albóndigas de carne empanizadas, con un poco de chile. También nuestras cervezas son bien acogidas en este país, en cualquier tienda encuentras Corona (o Coronita, como aquí se llama), Sol, Tecate, Negra Modelo... eso sí, la Victoria es sólo nuestra.
Aquí donde vivo, en Sabadell, hay un restaurante muy famoso, tiene un nombre muy mexicano, aunque creo casi imposible que en México algún restaurante se pudiera llamar así: "Pendejo"
Y no, no te estoy pendejeando, así se llama, el Pendejo. A mí me hizo mucha gracia la primera vez que lo vi, sobre todo porque la gente no conoce el significado de la palabra, el sinónimo aquí sería Gilipollas, y no he visto ni sabido de ningún lugar llamado así, aunque en México sí existen unos pollos rostizados que se llaman Los Gili-Pollos, creo que en la calle de Tacuba.
En lo personal la comida española es una de las que más me gustan, está de más decir que es una de las mejores de Europa y del mundo, en ese aspecto no he sufrido mucho porque siempre tengo a la mano comida y platillos que llenan el vacío que ha dejado mi distanciamiento de la comida mexicana, bueno... básicamente de las taquerías. Pero aunque la comida española y yo nos llevamos bien, de vez en cuando me sale el instinto mexinaco y la necesidad de unos buenos tacos al pastor, uuuhhhh... o unos de suadero con gordito, los de tripita mal lavada, unos de bistec con salsita verde, sin cebolla, eso sí. También extraño el molito con su arrocito a la mexicana, las enchiladas verdes, la barbacha de los lunes con su respectivo consomé, o las quecas de atrás de la Ceylán, de chicharrón, de hongos, las gorditas, los huaraches, joder... ya estoy salivando. El alambre, la arrachera con una buena tortilla de harina, de esas gordas sonorenses, el pozolazo! Las carnitas de la Mocte o Clavijero, de maciza o costillita con su guacamole, aahh... en fin, y un largo etcétera que no sigo enumerando por temor a ahogarme en mis propias babas.
Es en esos momentos cuando me he visto en la necesidad de acudir a uno que otro restaurante pseudo-mexicano para calmar mi instinto; el resultado es siempre decepcionante (pero no entiendo). Y es que siempre te encuentras con nombres de platillos que no conoces, o los que crees conocer no son, ni cercanamente, lo que te esperabas. La calidad de las tortillas, o tortitas de maíz, como aquí les dicen (para no confundirla con la tortilla de patata), es deleznable, una asquerosa mezcla de sabores apestosamente amargos (por tanto conservador) y texturas acartonadas. La ausencia del chile, o pimiento picante (bitxo, en catalán), como le dicen aquí (que no muchos conocen la palabra "chile", al ser de origen náhuatl), se resiente en cosas básicas como el guacamole, aquí aguacate batido, o el pico de gallo, que al final termina siendo una ensalada de jitomate, cebolla y cilantro. Y qué decir de los precios, lo que en México te costaría una orden de tres tacotes a treinta baros, aquí te podría salir el equivalente a diez veces más su precio. La cerveza sigue siendo la misma, es importada y por lo mismo sabe igual, pero una Corona de 330ml. cuesta casi cuarenta baros, con eso me compro dos guamas y media para invitar a la banda, bueno, no, para eso necesitaría tres cartones.
La visita a estos lugares en vez de apagar la necesidad la enardece, pero es obvio, aquí no es México y la buena comida mexicana sólo se hace en Mexicalpán de las tunas, tan tarán... tan tan. De cualquier forma la experiencia resulta anecdóticamente interesante, ver cómo se deforma la cultura de un lugar específico, en este caso la comida, para adaptarla a otra muy distinta.
Hace poco recibí a domicilio la publicidad del Pendejo, que aquí les comparto para que se diviertan un poco haciendo la comparación en los platillos y precios. Lo más divertido es el recuadro de la izquierda en la primera foto.


Por cierto, también se extrañan los pedos agri-densos del día después.